HISTORIA DEL CENTRO

 

La Salle – San Rafael no tenía esta denominación hace cien años. Solamente San Rafael. Lo de La Salle es muy posterior y es como un estandarte que distingue a los colegios que pertenecen a la misma familia. San Rafael, cuando corría ya el lejano 1907 – muchos de nosotros ni habíamos nacido; pero nadie lo diría a juzgar por lo joven que se conserva –estaba en las esquinas de las calles de Guzmán el Bueno y Fernando el Católico. Desde luego que todo era descampados, las calles estaban sin pavimentar, y cuando llovía se organizaban unos tremendos barrizales. Entonces si que llovía, no como ahora. Decíamos que el Colegio “estaba” y debemos añadir enseguida, que está. Sigue en el mismo sitio, en el corazón de uno de los barrios más característicos de Madrid. Las calles tienen aceras y está perfectamente pavimentadas. Setenta y cinco años más tarde la circulación de carruajes ha aumentado en una proporción increíble. Pero el Colegio, está. Firmemente asentado.

Es de ladrillo rojo, de un estilo que se ha dado en llamar “neomudéjar”, muy característico. Hay algunos ejemplos en Madrid y constituyen una joya arquitectónica. Ahora el Colegio ha crecido. Se ha respetado el primitivo estilo, pero se le ha añadido un nuevo edificio, de moderno diseño de acuerdo con estos tiempos. Lo viejo y lo nuevo, quizás la expresión peque de falta de matices. No es vieja la edificación, sino antigua, con lo que tiene de significación noble la expresión. Y no es nueva ahora la parte construida, sino moderna. Ambas son como un ejemplo de simbiosis, porque una y otra se funden. Exteriormente se complacen en mostrar sus diferencias. Pero interiormente no existe sino una eficacísima unidad de formación de jóvenes en su doble vertiente de religiosidad y de ciencia.

EVOLUCIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA (1907 – 2005)

Vamos a realizar una reseña, forzosamente extractada, de los 100 años (1907 / 2007) de fecunda vida docente y social del Colegio.

Los antecedentes del actual Colegio hay que buscarlos en la primera Escuela que el fundador del mismo, Rvdo. Hno. Pedro, instaló en la que actualmente se conoce con el nombre de calle de Rodríguez San Pedro, y que a la sazón se llamaba San Rafael, circunstancia ésta que decidió la elección de nombre para el Colegio.

Merece también la pena destacar que se produjeron varios cambios en el emplazamiento de la primitiva Escuela y ello, no por un propósito de mejorar las instalaciones, sino, sencillamente, por la extremada penuria en que se desenvolvían el Hno. Pedro y sus colaboradores.

Resulta evidente la necesidad de conseguir unas instalaciones libres de cargas, y pensándolo así, el Hno. Pedro multiplicó sus oraciones y gestiones personales, hasta que, finalmente y contando con la eficaz ayuda del entonces sacerdote y más tarde obispo de Badajoz – D. Felix Soto -, logró mover el bondadoso corazón de la Excma. Sra. Condesa Viuda de Torreánaz, quien comprendió la importación y abnegación de la obra que venían desarrollando los Hermanos, ofreció adquirir a sus expensas los terrenos necesarios para la edificación del Colegio, complementando esta resolución con la institución de un legado consistente en la pensión que, como viuda de ex Ministro, venía disfrutando.

Falleció la bondadosa señora antes de terminarse las obras de construcción del Colegio y sólo la fe inquebrantable y el indomable tesón del Hno. Pedro, pudieron vencer las dificultades surgidas y dar cima a la empresa, si bien con las limitaciones que el acortamiento de los recursos económicos imponía.

El Colegio fue inaugurado y bendecido el 27 de agosto de 1907 por el ya citado D. Felix Soto,siendo ya obispo de Badajoz, si bien las obras de condicionamiento no concluyeron hasta el mes de octubre del mismo año, en que se inició la labor docente en las nuevas instalaciones, formando ya entonces parte de la Comunidad del Colegio el Rvdo. Hno. Ceferino, quien desde el año 1900 venía colaborando con el Hno. Pedro en la ardua tarea escolar, con todo el cortejo de dificultades que la rodeaban, pues no ha de olvidarse que, estando el colegio destinado a las clases humildes, la asistencia al Colegio era entonces totalmente gratuita, por lo cual y dada la penuria de medios económicos de los Hermanos, su simple subsistencia ya representaba con frecuencia serias dificultades.

Señalamos pues, con admiración que el Hno. Pedro no solo atendía a la dirección del Colegio e impartía alguna clase, sino que, después de todo esto, recorría las barriadas limítrofes en demanda de limosnas para atender al sostenimiento del Colegio.

Al pensar en todo esto y comparar la conducta abnegada de los Hermanos con nuestras posturas normalmente egoístas, tenemos forzosamente que pensar en la ayuda divina que, sin duda, debía ser el motor principal que impulsaba la actividad de aquellos hombres realmente excepcionales.

CINCO DETALLES HISTÓRICOS

  • El Colegio fue bendecido el 27 de agosto de 1907 por D. Felix Soto, obispo de Badajoz.
    El Hno. Pedro no solo atendía a la dirección sino que impartía alguna clase.
    El Hno. Ceferino procedió a la creación, en 1917, de la Sociedad de Ex – Alumnos.
    En octubre de 1970 se inauguró la ampliación del Colegio.
    Las últimas décadas han significado años de cambio, de adecuación a las nuevas necesidades y reformas educativas, pero manteniendo siempre su espíritu de familia, servicio educativo y promoción socio-cultural a la juventud madrileña.
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INCIDENCIAS EN EL COLEGIO

Mencionaremos que, como consecuencia de las acciones desencadenadas por algunos sectores extremistas después de proclamarse la República, el día 11 de mayo de 1931 las manifestaciones intentaron realizar sus propósitos con el Colegio no consiguiéndolo debido a la actitud decidida de un grupo de ex-alumnos y padres de familia, que consiguieron hacerles desistir de su empeño.

Sin embargo al producirse los acontecimientos en 1936, las manifestaciones invadieron el Colegio y sólo de verdadero milagro pudieron entonces salvar sus vidas los Hermanos que allí estaban. Los ocupantes del Colegio después de ocasionar grandes destrozos en las instalaciones destinaron el edificio a guardería infantil, hasta que, al aproximarse a Madrid las fuerzas Nacionales en noviembre de 1936, los responsables de la guardería huyeron, quedando el Colegio convertido en cuartel de milicianos, quienes completaron la obra de destrucción del Colegio.

Finalizada la guerra, nuestro querido Colegio presentaba un aspecto ciertamente desolador, hasta tal grado que los Superiores de los Hermanos tomaron la decisión de cerrarlo definitivamente. Con la colaboración del Visitador del Distrito de Madrid, Rvdo. Hno. Andrés Hibernón y de un escogido grupo de alumnos, que no desapareciera tan magna obra, contribuyendo a ello en poderosa medida la designación como Director del Colegio de nuestro querido y recordado Hno. Felix, quien con admirable tesón y sacrificio supo vencer todos los obstáculos, consiguiéndose que a los pocos meses se abrieran ya tres clases, sin apenas mobiliario, con lo que los niños volvían a legrar con sus risas y juegos las aulas y el patio del Colegio.

Las obras de reconstrucción y acondicionamiento prosiguieron, recuperando el Colegio su normal actividad docente y postescolar.

Un aspecto se produjo en la Asociación de Antiguos Alumnos – quizá un poco olvidada por los Hermanos que, naturalmente, estaban absorbidos y preocupados por la nueva situación derivada de la ampliación del Colegio – como es la disminución de sus actividades, llegando, incluso, a desaparecer su revista, “AYER Y HOY”, que al reanudar su aparición, después de varios años hubo de cambiar su nombre debido a que una determinada Congregación de Religiosas, lo había escogido e inscrito en el oportuno registro.

Las últimas décadas han contemplado los esfuerzos de los Hermanos y de la Comunidad Educativa por mantener y desarrollar una actividad docente de calidad, al servicio de una sociedad cambiante y en el contexto de una exigencia de servicio, entrega y generosidad de la Escuela Católica a la juventud de Madrid. Sin perder las señas de identidad es un colegio, abierto, cercano y profundamente insertado en la historia del barrio de Chamberí.

Hoy seguimos desplegando nuestra labor con la misma ilusión que en los ya lejanos comienzos, sabiendo que la misión educativa queda por descubrir, que hoy, más que nunca, nuestras puertas están abiertas a todos los que quieren crecer en un ambiente educativo marcado por la adecuación a las nuevas exigencias sociales y potenciando valores humanos que nos hacen desarrollarnos en la tolerancia, respeto, solidaridad y cultura del esfuerzo en aras de una convivencia social más abierta, firme y duradera.

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