Experimentar es fundamental para aprender.

La curiosidad forma parte de la esencia humana,  nos hace extraer nuestras conclusiones sobre el mundo en el que vivimos, le da sentido y nos estimula a seguir aprendiendo y desarrollándonos. Por eso, los aprendizajes que hacemos cuando somos pequeños tienen que partir de la experimentación y la observación. Este aprendizaje activo por descubrimiento hay que incentivarlo o «provocarlo» con situaciones estimulantes para los niños que partan del entorno cercano, de sus intereses y motivaciones.

Por eso, dentro del proyecto sobre el arte que se lleva a cabo este año en la etapa de Educación Infantil se diseñó una instalación inspirada en la artista japonesa Yayoi Kusama para que los alumnos de la etapa pudieran observar, manipular, transformar, experimentar en el espacio uno de los elementos más característicos de su arte: los puntos de colores.

Las instalaciones o provocaciones son propuestas inspiradas en la pedagogía de Reggio Emilia, conocida como la «Pedagogía del asombro» desarrollada por Loris Malaguzzi en Italia. Son propuestas estéticas y artísticas a la par que pedagógicas a través del juego libre.

No hay nada más representativo del éxito de esta propuesta que sus caras disfrutando de la actividad.